Primero de enero
kaivalya

1. Querido príncipe, desde aquí todo es luz. En este mundo todo empieza donde termina. Hablando de comienzos bien sabes que siempre sentí que tu nombre era del rojo más rojo como si de una cárcel de tu azul se tratase. Empecemos por la a, la letra que está contenida en todas las demás y que simboliza al toro con sus cuernos unidos a la cabeza. La letra de Aries que invoca primero al sol: la cabeza que es un círculo inmaculado en sus infinitos no lados y luego el arco que invoca a la luna orbitando tangencial para seducir con sus cuernos al toro celestial, quien al día de hoy aún con su vibración sustenta a todas las demás letras que vienen. Ha hecho falta recorrerlas 80 veces 8 para murmurar el mantra que protege a los hombres: el del Skandar con astas de Amón y llamas de Persia, evocaciones de la purga de tablillas de viejos peligros del abismo y de los primeros mapas del mundo que fueron testigos del azul del mar primigenio que rodeaba al mundo como el halo de una estrella.

2. Ya no recuerdo bien tu cara, pero sí el día que saliste de la cárcel de rubíes que te corona. Me dijiste que no esperabas que para tomar un vaso de agua tendrías que pasar por el intersticio que formaba la luz de la luna con las sombras, algo así como un torii que al cruzarlo te invadió con imágenes de galaxias y oscuridad, una inmensa, fría y reconfortante oscuridad, “todo lo que hemos vivido hasta aquí, todo no es más que un sueño” me dijiste. Ahora pienso que la diosa de 3 rostros te ama, quizá la diosa de las llaves ama a los príncipes azules y de vez en cuando los deja libres.

3. Yo no tenía esa suerte. Al principio creía que navegaba en las aguas de un mar tranquilo y caían lágrimas de mis ojos cuando el sol de los venados se azulaba y quedaba mudo como la muerte. Ese sentimiento de la pérdida de algo tan desconocido cuan preciado de otras vidas. Quiero advertirte que abandones toda esperanza si alguna vez remando en altamar avistas la luz del alba alzándose en el horizonte como dos luceros naciendo del abismo. Uno cree en Dios hasta que surge la serpiente que eclipsa la luna, solo mirarla es insoportable, si intentas ver tu reflejo en sus pupilas verás directamente al sol, a un sol fatuo que te cegará calcinando tus ojos. Mi Dios no pudo matar a la serpiente y crear al mundo, si le cortaba una cabeza nacían dos, ya sabes la historia, además cómo podría quemar cabezas en el mar. Durante uno de tantos eclipses por fin salí de mi cárcel y vi cómo esa luna llena y sin manchas era eclipsada por una figura fálica casi tan ancha como el horizonte y con unas escamas tan duras y juntas que no tenía parte flaca, el reflejo de la luna en el mar me mostró el verdadero rostro de la Diosa que permanecía invisible a mis ojos. Extasiada temblaba en el agua siendo devorada por la luz de esos ojos que la atravesaban con el brillo de una oscuridad impenetrable.

3. Yo a este punto ya era color morado, del morado del adviento. Pero aún conservaba el trono de todo hombre. En esa concha nacarada no existía el tiempo, en ocasiones mi mente divagaba sobre las figuras que formaban las baldosas entre sí, sobre cómo podía Dios habernos creado sin que nadie lo creara a él. Sobre cómo puede moverse en la eternidad sin que exista el tiempo o al menos no un tiempo como el nuestro; pero todo eso era tan lejano e intocable que por eso la mayoría de las veces buscaba a mi diosa. me sorprendía el universo que existe en los millones de burbujas y ebulliciones que surgen de un poco de amarillo. Un día usé una de esas pastillas desinfectantes azules para los baños pensando que con un poco de azul podría surgir mi diosa, pero en su lugar se dispersó un tono verde en el agua. Era un insulto a la belleza del que emergieron Hecatónquiros de espuma que bramaban al cielo con sus cientos de brazos: ¿Por qué, por qué, por qué?” Siendo arrastrados por la fuerza centrífuga de un tifón. Quizá para encontrar a la diosa nacarada de la espuma es requerido un sacrificio mayor como un testículo celestial y retirarse del mundo a contemplarlo o quizá se trata de ofrecerle mi corazón sobre la piedra del holocausto ya convertido en un guerrero consumado, iluminándola con los rayos del sol naciente.

4. Príncipe, no es que las mujeres sean tontas, es que al igual que nosotros anhelan el dolor del sacrificio. Todos en algún momento nos enamoramos del amor y no nos importa quién sea esa persona realmente. Te vas a ir dando cuenta de que no todo el mundo es azul y le irás agregando a tu mar islas y peces de otros colores. Allí afuera, en los otros colores aprenderás a ver las pequeñas partes de azul que hay en cada uno, puedes extraerlas, traerlas aquí dentro y con ellas alimentar tu propio mar cerca de la costa. Con práctica formarás mandalas en la arena como los peces globo Torquigener que atraen a sus parejas con obras de arte y con suerte vendrá la Diosa a verlas y no sin cierto desdén quizá se marche de nuevo al horizonte.

5. Tú no te preocupes por eso, no importa que tu nido no pueda guardarla, siempre puedes hacer lo que hice yo y tenerla por la fuerza. Escucha bien y trata de comprenderlo y sino sé que tarde o temprano lo harás: me dispuse a extraer y destilar las porciones de azul que había en rosas rosas y rojas, en violetas; no importaba si eran negras o blancas. Solo importaba que al igual que yo anhelaban el sacrificio, mujeres que como en un antiguo templo de marineros del medio oriente, adoraban piedras sagradas. Así que les di la piedra redondeada que encierra al todo en la unidad, conectada por el tronco a las profundidades de la semilla de la vida; en ocasiones parecía que ese peñasco de sangre hirviente venía de un mundo primitivo y misterioso cuando se quedaban contemplándolo en silencio o intentado aplastarse contra él hasta macerarse el mulhadara. Al abrirse la flor de loto roja se puede extraer de su cuerpo todo el azul que hay resguardado en sus colores con la bomba del corazón que late debajo de la piel de piedra y hacerlo tuyo, y también a su vez llenarlas de tu azul pintándolas con tu esencia. Ese es el misterio de la sangre oscura que baila en tus venas al ritmo de los tambores y que te permite recibir el azul del mundo y a la vez fecundarlo. Los tambores anuncian el sacrificio de la inocencia que a la vez añora, suplica y llora por ser tomada y arrebatada.

6. El precio para que la Diosa sea Avatara es encontrarla en mil rostros, en mil senos, en mil piernas, en miles de flores de loto, pero sin ser del mismo tono que tu azul, solo porciones del azul que hay en otros colores que se pueden tocar apenas por instantes. Destilar el azul de los otros colores es perjudicial para los corazones, solía sentir culpa por devorar sus azulejos, por dejar esas flores más rojas y encarnizadas, desprovistas de parte de su esencia; de cierta forma es un pecado. Cada vez empecé a tomar más azul y a dejar menos. Después de cierto tiempo uno se da cuenta de que lo que deseamos es algo mucho más ambicioso que la perfección, lo que deseamos es una relación personal, dicho de otra forma, quizá lo que deseamos son las raíces del árbol, y no la copa, deseamos al número 4 y no al 3, al triángulo que se forma en la mitad inferior del rombo y no al triángulo en sí mismo. Entender esto príncipe es liberador para ti y para el azul de las otras personas, el problema es cuando con quien quieres tener una relación personal es con la Diosa.

7. Ciertamente todos los ángeles son terribles, especialmente los que tienen nombre propio. El tiempo del adviento es largo y morado, pero si sabes esperar llegará el día en el que te inviten al banquete y bueno, los príncipes azules siempre quieren quedarse con la dama, ¿Y Sabes cuál es el precio que paga un príncipe azul por querer llevarse a la pareja de Dios? Dios es justo y te da lo que deseas: ver su cuerpo desnudo en todo su esplendor y terror. No por nada en culturas antiguas se considera una ofensa ver a una mujer desnuda o en sus días de menstruación, hay fases de la luna en que no puede ser vista y si lo haces tendrás que darle tu carne y alma. Pero la cosa no acaba ahí, un simple hombre no puede ver a la Diosa y seguir siendo el mismo, tendrías que ser un Buda y en Kali Yuga ni la diosa quiere que la veas experimentando ni te vas a convertir en un iluminado. Tendrías que vestirte de serpientes o recostarte en ellas como los dioses hindús para merecerla.

8. En realidad, debes saber que hay una razón por la que la palabra Serafín te parece tan azul, la misma razón por la que son los ángeles que están más cerca de la divinidad. Es porque en el fondo sí, son serpientes y porque con cada una de esas serpientes que osa ver su rostro se puede hacer la semilla de un mundo nuevo. Los serafines siempre deben cubrirse los ojos con dos alas, con otras dos los pies y con las últimas dos vuelan, si los ángeles fueran puros no tendrían que cubrirse tanto, todo empieza con desnudarse los pies y luego querer ver con los propios ojos, lo que sigue es carnicería, el día que veas cómo se retuerce el alma de un ángel vas a morir como mueren todos los príncipes azules; Los ojos se queman hasta que ya no pueden ver, se tapan con las manos los cuencos invadidos por llamas que no se extinguen, todo su ser se tensa torturado y las alas se estiran y adelgazan hasta cubrir el horizonte, entrecruzándose y trenzándose abriendo sus millares de ojos que gritan y lloran cuando son estrangulados hasta reventarse en un canon de sangre luminosa que delinea la figura del túnel sagrado que conecta los mundos, los coágulos se solidifican y son cubiertos por lamentos azules.

9. No es tan malo ser devorado, te digo que yo no puedo ser un dios hindú y vestirme con serpientes, pero sí puedo decir palabras envenenadas de belleza por los dos, al alimentar mi mar también creció el Leviatán y bueno lo demás sobra decirlo. Te guardaré dentro con tu sonrisa inocente, con tu mirada sincera en el féretro de mi piel pétrea.

0. Aquí todo es luz y surgen escamas de todos los tonos. El azul se adelgazó tanto que hizo arder los límites del blanco y se desbordó ensombreciendo de alba las siluetas del mar, y no importa si no soy Dios, algo sagrado ha nacido en mí y corta de un azul hermoso.

El Jaguar Nocturno